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junio 1, 2026Con el PLANESI como hoja de ruta al 2030, Chile ha fortalecido su vigilancia, prevención y diagnóstico. El desafío es cerrar brechas en terreno, especialmente donde la exposición sigue siendo invisible.
La silicosis es una enfermedad que avanza en silencio. En sus primeras etapas no presenta síntomas evidentes y, cuando finalmente se diagnostica, el daño pulmonar puede ser irreversible. Tos crónica, fatiga y dolor en el pecho son señales de esta afección que por décadas ha afectado a trabajadores expuestos al polvo de sílice, especialmente en minería, construcción, áridos, fundiciones y corte o pulido de materiales.
Prevenirla es posible. Por eso, su eliminación se ha transformado en una meta sanitaria y laboral para Chile, que desde 2009 cuenta con el Plan Nacional de Erradicación de la Silicosis, PLANESI, con horizonte al 2030. La estrategia busca controlar la exposición a sílice, reducir la incidencia y prevalencia de la enfermedad, mejorar el diagnóstico oportuno, fortalecer los sistemas de información y sostener una gobernanza entre Estado, empresas y trabajadores.
Desde el Ministerio de Salud explican que el plan tiene un enfoque transversal y está dirigido a todos los sectores productivos con riesgo de exposición. Para ello establece la obligatoriedad de implementar el Protocolo de Vigilancia del Ambiente de Trabajo y de la Salud de los Trabajadores con Exposición a Sílice en toda actividad económica donde exista este peligro, sin importar tamaño de la empresa, rubro o dependencia contractual.
Los avances son reconocidos por especialistas. El Dr. Diemen Delgado, coordinador técnico de Workmed y director del Observatorio Internacional de Neumoconiosis, afirma que “Chile ha mostrado avances importantes en materia de prevención y vigilancia de la silicosis, especialmente a través del trabajo desarrollado por el Instituto de Salud Pública de Chile mediante el Programa de Evaluación Externa de la Calidad de las Prestaciones Relacionadas con la Silicosis (PEECASI), parte de PLANESI”. Según explica, este programa ha fortalecido la toma e interpretación de radiografías de tórax bajo técnica de la Organización Internacional del Trabajo.
Sin embargo, el camino hacia la erradicación aún presenta brechas. Para Delgado, una de las más relevantes es avanzar hacia una armonización diagnóstica nacional, mediante comités expertos multidisciplinarios capaces de analizar casos complejos o dudosos. También advierte que la silicosis y otras enfermedades respiratorias ocupacionales siguen teniendo escasa presencia en programas de pregrado y posgrado, lo que dificulta su reconocimiento precoz.
Desde el Minsal coinciden en que fortalecer los sistemas de vigilancia es clave para medir el avance del país. La incidencia y prevalencia en la población trabajadora expuesta son los principales indicadores para evaluar la erradicación, pero para que reflejen la situación real se requiere identificar mejor a los trabajadores en riesgo, aumentar la cobertura de evaluación y mantener estándares diagnósticos de calidad.
En los últimos años, la mayor pesquisa en zonas históricamente expuestas da cuenta de una vigilancia más activa especialmente en territorios vinculados a la pequeña minería.
Ese avance es clave para avanzar en la erradicación de la silicosis. En la práctica, la prevención no puede descansar sólo en mascarillas o exámenes médicos. Las empresas deben identificar la presencia de sílice, evaluar la exposición, reducir la generación de polvo en origen, aplicar métodos húmedos, mejorar la ventilación, mantener limpieza adecuada y capacitar a sus equipos. Luego, quienes estén expuestos deben ingresar a programas de vigilancia, con controles según el nivel de riesgo.
“El principal desafío y eje estratégico para avanzar hacia la erradicación de la silicosis continúa siendo el fortalecimiento de las medidas de control en la fuente de exposición”, señalan desde el Ministerio de Salud. Para la autoridad, esto exige articular al Estado, las empresas, los organismos administradores y las y los trabajadores para promover entornos laborales seguros.
Hoy, el registro consolidado muestra una tasa de mortalidad baja asociada a la silicosis como causa básica, cercana a 1,17 defunciones por cada 100.000 habitantes. Pero la baja mortalidad no elimina el riesgo: la exposición sigue presente y la enfermedad puede avanzar si no se controla el polvo respirable en cada puesto laboral.
A seis años del horizonte fijado por PLANESI, Chile cuenta con una ruta robusta, que cuenta con protocolos, responsabilidades definidas, mayor conciencia y una meta país. A esto se suman la vigilancia efectiva, educación continua y cultura preventiva permanente. Delgado la define como una enfermedad prevenible cuando existe compromiso institucional, control ingenieril y vigilancia real. La meta, por lo tanto, no es solo tratar mejor la silicosis, sino detectarla antes, prevenirla en terreno y cerrar las brechas que existen en trabajadores más expuestos.




