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julio 29, 2026
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julio 29, 2026Un estudio del BID analiza las cadenas de valor del cobre en Chile y del hierro en Brasil para determinar cómo sus proveedores pueden elevar la productividad, incorporar tecnología y proyectar soluciones hacia otros mercados. La investigación propone políticas diferenciadas según las brechas de cada actividad.
La capacidad de Chile para generar mayor valor minero no depende solo de aumentar la producción o procesar más minerales. También está vinculada al desarrollo de las empresas que participan en la cadena, desde la exploración hasta el cierre de faenas. El análisis cobra especial relevancia ante la paradoja advertida por SONAMI: pese al favorable ciclo del cobre, la producción chilena permanece estancada desde hace dos décadas. Fortalecer a los proveedores surge así como una vía para recuperar productividad y crecimiento.
Esa es la premisa del estudio “Cadenas de Valor Mineras Sostenibles en Chile y Brasil”, impulsado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el marco del programa Mining for the Energy Transition (MET), financiado por la Unión Europea. La investigación compara los encadenamientos asociados al cobre chileno y al hierro brasileño para detectar oportunidades de fortalecer proveedores y elevar la productividad.
El trabajo -todavía en desarrollo- es ejecutado por el consorcio KDRD, integrado por Karungen, DMJ Consulting, RedwoodPier y DataPulse. La investigación identificó 61 grupos industriales en ambos países, desde la exploración hasta el post cierre. De ese universo seleccionó 12 según tamaño de mercado, empleo, presencia internacional, exportación e intensidad de conocimiento.
Osvaldo Urzúa, director de Karungen y líder del consorcio KDRD, explica que esta mirada reconoce que el sector proveedor no constituye un universo uniforme. “En cada etapa existen configuraciones industriales, requisitos de capital, brechas de capital humano, dinámicas de innovación, barreras de entrada y oportunidades específicas. Esta aproximación permite caracterizar dichos encadenamientos según su función minera, nivel de sofisticación productiva y potencial de escalamiento”.
La unidad de análisis es el grupo industrial: proveedores que cumplen una función minera. En explosivos, por ejemplo, convergen insumos, planificación de tronaduras, capacitación, monitoreo sísmico, transporte y servicios de carga. El desempeño depende de la calidad y coordinación de todos ellos.
La metodología busca así conectar directamente el desarrollo de proveedores con el desempeño de las faenas. “La competitividad minera se juega tanto dentro como fuera de la faena: depende de la calidad, articulación y capacidad de respuesta del ecosistema proveedor que sostiene la operación”, sostiene Urzúa.
Un diagnóstico para políticas más precisas
El estudio combina información de mercado, empleo, exportaciones y referentes internacionales con sesiones de trabajo junto a empresas de cada grupo. Con esos antecedentes analizará barreras productivas, tecnológicas, institucionales y comerciales, y formulará recomendaciones de política pública e instrumentos de fomento.
Carlos Sucre, especialista sectorial del BID, señala que la comparación no busca replicar la experiencia de un país con el otro. “Chile y Brasil no deberían copiarse mecánicamente, sino aprender a complementarse en capacidades, proveedores y soluciones mineras”.
La base común permitirá reconocer diferencias, aprendizajes y espacios de integración regional. Sucre destaca, además, que el respaldo europeo al proyecto responde a un desafío que trasciende a ambos países: “refleja una apuesta compartida entre Europa y América Latina y el Caribe por cadenas de suministro de minerales críticos más confiables, sostenibles y diversificadas”.
La investigación también advierte que no todas las brechas exigen la misma respuesta. En algunos grupos será prioritario impulsar la innovación; en otros, fortalecer certificaciones, capital humano, financiamiento, infraestructura o mecanismos para incorporar tecnologías ya disponibles. “La brecha, por tanto, no siempre está en desarrollar más tecnología, sino en absorberla, validarla y escalarla en condiciones reales de operación”, precisa Urzúa.
El objetivo es articular la política minera con las agendas de innovación y desarrollo productivo. Como resume Sucre, “la política minera del futuro será también política industrial, tecnológica y de innovación”.
Para el especialista del BID, la oportunidad tampoco se limita a responder al aumento de la demanda mundial. “El desafío es avanzar hacia agendas de largo plazo que consoliden a América Latina como fuente confiable de minerales críticos y, al mismo tiempo, como plataforma de transformación productiva, innovación y sofisticación de bienes y servicios mineros”.




