
Cumbre de la Minería SONAMI 2026: La minería cita al país para definir su próximo ciclo
julio 30, 2026
SONAMI impulsa una minería más ágil y segura
septiembre 3, 2026Desde Tarapacá hasta Coquimbo, distintas festividades religiosas conservan un estrecho vínculo con la historia minera. San Lorenzo, la Virgen de Andacollo y la Virgen de la Candelaria forman parte de una tradición donde conviven fe, identidad territorial y memoria.
Cada 10 de agosto, miles de peregrinos llegan hasta el pueblo de Tarapacá, en la comuna de Huara, para celebrar a San Lorenzo, patrono de las y los mineros. Su devoción se remonta al siglo XVIII y se fortaleció durante el ciclo salitrero, con la participación de trabajadores y familias provenientes de las oficinas de la pampa.
Hoy, los bailes religiosos, las mandas y la procesión mantienen viva esa historia. Para el padre Benito Tapia, rector del Santuario de este lugar, existe “una relación filial y pacto de protección entre el santo y el minero junto a su familia ante el peligro de la faena minera”. Agrega que el “Lolo” representa “un símbolo vivo de protección, resiliencia y comunidad”.
Aunque la minería dejó atrás buena parte de las faenas artesanales y salitreras que dieron forma a la celebración, esta figura continúa acompañando a una industria cada vez más tecnificada. Según el padre Tapia, San Lorenzo “representa para los trabajadores un símbolo vivo de protección, resiliencia y comunidad” y encarna el esfuerzo cotidiano, la identidad compartida y el valor de quienes se desempeñan en esta actividad.
En la Región de Coquimbo, este vínculo se expresa en torno a Nuestra Señora del Rosario de Andacollo, “la Chinita”. Su historia está unida a los lavaderos de oro y los pirquineros. Su Fiesta Chica se celebra en octubre y la Fiesta Grande, entre el 23 y el 27 de diciembre, con procesiones y cofradías de chinos, turbantes y morenos.
En Atacama, la devoción a la Virgen de la Candelaria se inició en 1780, cuando Mariano Caro Inca encontró una pequeña imagen cerca del salar de Maricunga. Su relación con la luz fue asociada por los trabajadores con la iluminación utilizada al ingresar a los piques.
Una de sus ceremonias más significativas recuerda a los mineros fallecidos y contempla la bendición de empresas, faenas y trabajadores, renovando el vínculo entre esta advocación y la identidad productiva de Atacama.
Esta tradición también cruza fronteras. En Perú, Santa Rosa de Lima es celebrada cada 30 de agosto, y desde 1996 es, además, patrona de la minería peruana. Ese año, coincidiendo con el centenario de la actual Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía, el Papa Juan Pablo II la proclamó protectora de esta actividad a solicitud del gremio.
En su casa natal, los devotos depositan cartas con peticiones en un pozo. “Escriben la gracia o algún milagro que quisieran que Santa Rosa interceda”, relata la madre superiora María Molina Díaz, quien precisa que esta práctica expresa la confianza de los devotos en su intercesión: “No es Santa Rosa quien hace los milagros, sino Dios, por intercesión de Santa Rosa, quien permite estas gracias o milagros a las personas”.
En Europa, este vínculo entre fe e identidad minera se expresa en Polonia con la Barbórka, celebración que cada 4 de diciembre honra a Santa Bárbara, patrona de los mineros. Especialmente arraigada en Silesia, reúne misas, desfiles de trabajadores con uniformes de gala y bandas musicales que recorren los barrios mineros desde temprano. La festividad también incluye encuentros de camaradería conocidos como “tabernas de cerveza”, donde se entonan cantos del oficio y se reúnen distintas generaciones, en una tradición que combina religiosidad y orgullo por el trabajo minero.




