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marzo 18, 2026El informe “Chile frente a los vaivenes del comercio global” concluye que el principal canal de transmisión de un eventual arancel al cobre sería el precio internacional del metal, con efectos posteriores sobre ingresos, inversión y encadenamientos productivos en las regiones mineras.
El Centro de Estudios y Documentación Mineros (CEMS) de la Sociedad Nacional de Minería, SONAMI, elaboró un análisis que examina cómo un shock comercial originado en Estados Unidos podría transmitirse a la economía chilena a través de las redes globales de valor y del mercado internacional del cobre. El estudio “Chile frente a los vaivenes del comercio global” evalúa distintos escenarios de arancel al cobre chileno y cómo un cambio en las condiciones de acceso a un mercado relevante podría impactar a la economía nacional.

Foto Reinaldo Salazar gerente de Estudios Sonami marzo 2026 crédito SONAMI
Entre esos ejercicios, el documento modela un escenario hipotético en que la economía norteamericana impone un arancel de 50% al cobre refinado chileno. Bajo ese supuesto, la demanda estadounidense podría disminuir en torno a 30%, generando una caída cercana al 4,8% en el precio internacional del metal en el largo plazo. En ese contexto, el análisis estima que el impacto agregado podría traducirse en una pérdida del orden de US$1.600 millones en el PIB minero.
“El punto central es que, a mayor arancel, mayor es la tensión sobre la demanda efectiva de cobre en Estados Unidos y, por esa vía, mayor la incertidumbre en el mercado. Para Chile, que es tomador de precios, lo relevante no es comprometer una cifra puntual ni una trayectoria, sino entender cómo shocks externos pueden transmitirse hacia ingresos, expectativas y decisiones de inversión”, indica Reinaldo Salazar, gerente de Estudios de SONAMI.
Desde esa perspectiva, el estudio identifica que el primer canal de transmisión sería el precio. “Chile es tomador de precios, por lo que un shock de demanda de un importador relevante se transmite inicialmente vía términos de intercambio. Ese ajuste, en la práctica, se siente primero en los flujos de caja y en la evaluación de proyectos, antes que en cambios físicos de producción. Luego, dependiendo de la magnitud y duración del shock, se puede traducir en postergación de inversiones, ajustes operacionales y efectos en proveedores y empleo, sobre todo donde los márgenes son más estrechos”, agrega.
El modelo también evidencia que, aunque parte de las exportaciones podrían redireccionarse hacia China, la menor demanda de Estados Unidos presionaría el precio global del cobre a la baja. Asimismo, el ejercicio muestra que el impacto sobre el precio aumenta a medida que se incrementa el nivel del arancel, reflejando la sensibilidad del mercado ante cambios en la política comercial de grandes economías.
Uno de los aportes del documento es la aplicación de la metodología de Distritos Productivos para evaluar efectos territoriales. Al proyectar la caída del precio del cobre sobre los 14 distritos mineros identificados por SONAMI, el informe concluye que aquellos con mayor participación en la producción nacional concentran las mayores pérdidas en términos absolutos. Sin embargo, advierte que los distritos con presencia significativa de pequeña y mediana minería podrían enfrentar una mayor vulnerabilidad relativa.
“El estudio muestra dos lecturas complementarias. Por un lado, los territorios con mayor participación en la producción concentran impactos absolutos más altos, simplemente por escala, como los Distritos Productivos Norte y Los Colorados”, sostiene el ejecutivo. “Por otro, hay distritos donde, aún con menor volumen, la vulnerabilidad relativa puede ser mayor por la estructura productiva: presencia significativa de pequeña y mediana minería, mayores costos unitarios y menor holgura financiera frente a fluctuaciones de precios, como en los Distritos Productivos Copiapó y Andacollo. No solo importa cuánto se produce, sino quién produce y con qué resiliencia. Por eso, los efectos pueden sentirse con más fuerza en operaciones de menor escala, donde variaciones acotadas de precio pueden traducirse en tensiones operacionales más rápidas”, añade.
Finalmente, el estudio plantea la necesidad de fortalecer la resiliencia del sector frente a un entorno internacional más volátil. “Este tipo de escenarios refuerza una idea de fondo. En minería las decisiones son de largo aliento, y por lo mismo Chile no puede quedar expuesto a vaivenes externos sin fortalecer sus condiciones de competitividad. La minería sigue siendo un pilar de la economía y de los territorios, pero el desafío es volver a crecer en producción y salir del estancamiento, al mismo tiempo que se sostiene la inversión y el empleo”, concluye Salazar.
“Chile es tomador de precios, por lo que un shock de demanda de un importador relevante se transmite inicialmente vía términos de intercambio. Ese ajuste, en la práctica, se siente primero en los flujos de caja y en la evaluación de proyectos, antes que en cambios físicos de producción”. Reinaldo Salazar, gerente de Estudios de SONAMI.




