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marzo 20, 2026Su desarrollo representa un avance relevante para el sector y la minería artesanal en la medición de sus emisiones de gases de efecto invernadero, considerando que hasta ahora no existían instrumentos similares para este segmento de la actividad minera.
En un escenario donde el mundo enfrenta crecientes emergencias medioambientales, la necesidad de avanzar hacia modelos de producción más sustentables se ha vuelto una prioridad. En este contexto, Chile ha dado pasos relevantes en la implementación de planes y políticas públicas orientadas a cumplir sus compromisos climáticos y avanzar hacia la carbono neutralidad en las próximas décadas.
En la actualidad, Chile cuenta con una Ley Marco de Cambio Climático que establece la normativa legal y las acciones necesarias para reducir las emisiones y adaptar sus impactos en el entorno. En paralelo, con una mirada puesta en 2050, el país también ha definido una Política Nacional Minera que busca avanzar hacia una industria más sustentable, promoviendo prácticas responsables, un uso más eficiente de los recursos y la incorporación de tecnologías limpias.
El desafío es significativo. Según datos de la Universidad de Chile, la minería del cobre es responsable, directa o indirectamente, de cerca del 21% de las emisiones totales de CO2 del país. Además, el sector demanda aproximadamente un 33% de la electricidad nacional y cerca de un 20% del consumo de diésel. A nivel global, estudios de la consultora McKinsey estiman que la minería en su conjunto genera entre un 4% y un 7% de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Este contexto hace aún más evidente la necesidad de que todos los actores de la industria —incluyendo aquellos de menor escala— cuenten con herramientas que les permitan medir, comprender y gestionar su propia huella ambiental.
No obstante, también se observan avances. Según cifras de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), la minería del cobre en Chile registró en 2024 un total de 12.861 kilotoneladas de dióxido de carbono equivalente (kt CO2 eq), el nivel más bajo de los últimos 14 años. Para dimensionar esta tendencia, en 2020 las emisiones del sector superaban las 16.000 kt CO2 eq, lo que refleja una reducción gradual en los últimos años asociada principalmente a la creciente incorporación de energías renovables en la matriz eléctrica de la industria.

Si bien esto marca un avance significativo, en general los datos sólo contemplan a la mediana y gran minería, demostrando una brecha en el conocimiento de información sobre la pequeña minería y minería artesanal. Cabe recalcar que, históricamente y hasta la actualidad, este segmento de la minería no cuenta con herramientas concretas para cuantificar sus emisiones, lo que se traduce en una limitación frente a los estándares del mercado y las exigencias regulatorias del país.
En este contexto, la Sociedad Nacional de Minería, SONAMI, junto a la Corporación Alta Ley, anunciaron la herramienta llamada “Calculadora de Emisiones Directas”. Esta iniciativa, que forma parte de una Hoja de Ruta Tecnológica para la Pequeña Minería, tiene como fin medir y gestionar las emisiones de la minería a menor escala.
Enzo González, estudiante memorista que desarrolló este proyecto con el apoyo de ejecutivos de SONAMI y de la Corporación Alta Ley, destaca la relevancia de la iniciativa, señalando que “hoy Chile tiene políticas nacionales que apuntan a una minería cada vez más sustentable. Sin embargo, el sector de la pequeña minería y minería artesanal no tenía una línea base clara de sus emisiones”.
“La calculadora viene a resolver este vacío técnico, ya que permite estimar de manera objetiva, estandarizada y adaptada a la realidad del sector nacional cuál es su huella de carbono directa. Era una herramienta urgente, porque los mercados internacionales ya están comenzando a exigir trazabilidad ambiental. Si la pequeña minería no se anticipa, corre el riesgo de quedar fuera de una cadena de valor cada vez más exigente en términos ambientales”, puntualiza.
La advertencia de Enzo cobra especial relevancia frente al actual panorama internacional. Un informe de Naciones Unidas, publicado en septiembre de 2024, subrayó la necesidad de diseñar un marco global de trazabilidad y transparencia para la cadena de valor de los minerales, incluyendo explícitamente a los mineros artesanales y de pequeña escala como agentes relevantes de la transformación del sector. En paralelo, los tratados comerciales vigentes al 2025 han comenzado a incorporar cláusulas medioambientales vinculantes, con compromisos explícitos en materia de descarbonización y trazabilidad ambiental. Esto convierte la medición de emisiones en una condición cada vez más relevante para acceder a mercados de exportación. Para un país como Chile, cuyo cobre y otros minerales son insumos estratégicos para la transición energética global, esta exigencia alcanza a toda la cadena productiva, independientemente del tamaño de la operación.
La metodología de estimación utilizada se basa en las emisiones directas generadas por la faena y sus operaciones, es decir, todas aquellas asociadas al alcance 1. Y aunque el volumen total de emisiones de la pequeña minería es considerablemente menor que el de la gran minería, proporcionalmente el consumo de combustible por tonelada puede ser elevado debido a la falta de mecanización y a menores niveles de optimización operacional.
“En la pequeña minería, por ejemplo, las principales fuentes de uso de diésel o emisiones directas que podemos encontrar son la perforación —que a veces puede ser neumática o electrohidráulica—, los equipos de carguío, el transporte interno y externo de mineral, los grupos electrógenos en faenas aisladas, el consumo de explosivos, entre otros”, explica González.
La iniciativa, además, busca generar conciencia entre los productores al mismo tiempo que les entrega información concreta sobre sus emisiones. Quienes utilicen la herramienta podrán cuantificar y definir qué procesos afectan de manera más significativa su estimación de huella de carbono.
Enzo enfatiza que “el objetivo inicial no es alcanzar una perfección absoluta, sino generar una línea de base técnica confiable que pueda perfeccionarse en el tiempo. Con ello, se busca que el uso de la herramienta esté a favor del productor. En términos metodológicos, es preferible contar con una estimación robusta basada en datos reales del sector que no tener ninguna cuantificación. Por eso, la calculadora es sencilla de utilizar: solicita información detallada, pero vinculada al uso cotidiano y al trabajo diario de los productores”.
En términos operativos, la calculadora funciona bajo criterios y perfiles representativos de la pequeña minería, es decir, está diseñada considerando escenarios de faenas con bajo nivel de mecanización.
“En la pequeña minería, por ejemplo, las principales fuentes de uso de diésel o emisiones directas que podemos encontrar son la perforación —que a veces puede ser neumática o electrohidráulica—, los equipos de carguío, el transporte interno y externo de mineral, los grupos electrógenos en faenas aisladas, el consumo de explosivos, entre otros», explica Enzo González.




