
SONAMI inicia venta de entradas para su Cumbre de la Minería 2026
junio 1, 2026
Las tierras raras que Chile tiene y el mundo necesita
junio 1, 2026La restricción a las exportaciones impuesta por China, gatillada por tensiones geopolíticas en el Medio Oriente, ha disparado su precio y puesto en jaque el modelo de abastecimiento chileno. Más allá de un alza de costos, el escenario obliga al mercado nacional a replantear su dependencia de insumos críticos para asegurar la continuidad de operaciones hidrometalúrgicas en el país.
El 1 de mayo de 2026 no fue una fecha cualquiera para la minería chilena. Ese día entró en vigor la restricción china a las exportaciones de ácido sulfúrico, una medida que ya venía adelantándose en los mercados: en marzo, sus embarques con destino a nuestro país cayeron a cero por primera vez desde julio de 2023. El contraste con el año anterior es elocuente: en marzo de 2025, el gigante asiático había despachado más de 151.000 toneladas del producto hacia el nuestro.
El conflicto en torno al estrecho de Ormuz ha comprimido el suministro global de azufre, insumo esencial para fabricar el producto químico. Por ese corredor transita cerca del 24% de esta materia prima que se transa en el mundo, y China importa alrededor del 60% de su azufre desde esa región. Con su mercado interno tensionado y el precio local del ácido trepando de US$161 a US$214 por tonelada entre febrero y marzo, el gigante asiático optó por asegurar su abastecimiento doméstico antes que sostener sus compromisos exportadores.
Por su parte, Chile consume 8,2 millones de toneladas anuales de ácido sulfúrico, de las que el 48% son importadas. y este país ha sido el principal proveedor, con una participación cercana al 38% de las compras externas. Para Reinaldo Salazar, Gerente de Estudios de SONAMI, esto implica que “el país cuenta con alternativas de abastecimiento, pero no todos los volúmenes pueden reemplazarse con la misma rapidez, costo u oportunidad. La exposición nacional debe mirarse especialmente en las operaciones que dependen más intensamente del ácido sulfúrico para producir cátodos”.
Y esa dependencia no es menor. El precio internacional ya acusa el golpe, donde se ha visto un alza de US$175 por tonelada en diciembre de 2025, a más de US$270 a mediados de abril de 2026. Desde SONAMI, advierten que no se trata solo de un corte abrupto, sino de un entorno de abastecimiento más exigente, donde acceder al producto será posible, pero más caro, con menor flexibilidad y mayor presión logística.
Una crisis anunciada

El segmento más expuesto es la producción de cátodos por vía hidrometalúrgica. En este proceso, el ácido sulfúrico no es un insumo secundario, sino una condición de continuidad operacional. En promedio, se requieren cerca de 6 toneladas de ácido por cada tonelada de cobre producida mediante esta tecnología.
“La producción de cátodos por vía hidrometalúrgica depende directamente del ácido sulfúrico”, explica Salazar, quien agrega que “en la lixiviación, el ácido permite disolver el cobre contenido en minerales oxidados y otros materiales lixiviables, para luego recuperarlo mediante extracción por solventes y electroobtención. Su disponibilidad y precio entran de manera directa en la ecuación productiva”.
Lo que agrava el escenario es que la minería nacional ya venía aumentando su demanda. En la última década, el consumo de ácido por tonelada de cobre producido subió de 4,5 a 6,9 toneladas. Un mismo shock externo hoy impacta con más profundidad que antes. La distribución territorial de la demanda vuelve el escenario aún más crítico. En la Región de Antofagasta se concentra la mayor parte del consumo nacional, con requerimientos que pasarían de 6,77 millones de toneladas en 2025 a 7,50 millones proyectadas para 2030.
A esto se suma que no todas las operaciones enfrentan este escenario con las mismas herramientas. En ese sentido, el gerente de Estudios describe dónde se ubica la mayor fragilidad: “Las principales vulnerabilidades de la mediana minería están en la escala contractual, la capacidad financiera y la flexibilidad logística. Si una faena depende de compras spot, tiene inventarios acotados, enfrenta mayores costos de transporte o presenta alto consumo de ácido por tonelada de cobre producido, el shock se transmite con más fuerza a su estructura de costos”.
Para Salazar, este episodio no debe leerse sólo como una perturbación coyuntural. “Producir más cobre requiere contar no solo con buenos yacimientos y condiciones de inversión, sino también con reactivos, infraestructura y logística capaces de sostener la operación en escenarios internacionales más inciertos”. La discusión pendiente, argumenta, es concreta: cómo asegurar un suministro competitivo y oportuno para la minería, evaluando alternativas de producción, abastecimiento e infraestructura con una mirada de largo plazo.




