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junio 1, 2026Irremplazables en la tecnología moderna y fundamentales para la transición energética, estas se han convertido en el recurso más disputado del último tiempo. Con China controlando toda la cadena de valor y Occidente buscando urgentemente nuevas fuentes de suministro, Chile emerge como un actor con potencial real en este mercado crítico.
Las tierras raras son 17 elementos de la tabla periódica que comparten una característica excepcional: propiedades magnéticas que ningún otro elemento puede imitar, haciéndolos imprescindibles para la tecnología del siglo XXI.
Karem Gallardo, académica e investigadora de la Universidad Autónoma de Chile, informa que “el término raras viene dado principalmente porque su obtención es difícil y están en poca abundancia, por ejemplo de una tonelada de mineral se puede obtener máximo aproximadamente 10 kg de óxidos de tierras raras”.
Están presentes en teléfonos celulares, resonancias magnéticas, motores de vehículos eléctricos, turbinas eólicas, sistemas de defensa y chips de inteligencia artificial. Según el informe Mineral Commodity Summaries 2026 del USGS, China domina la producción con 270.000 toneladas anuales y reservas de 44 millones de toneladas. Junto a Brasil, India, Australia, Rusia y Vietnam, controlan el 92% del total mundial.
Frente a esa concentración, Chile comienza a figurar como alternativa. El país tiene dos rutas: el procesamiento de arcillas iónicas —la más viable a corto plazo— y el reprocesamiento de relaves a futuro. En la primera línea destacan el proyecto Aclara, en Penco (Biobío), con capacidad estimada de 1.700 toneladas anuales de concentrado y en proceso de calificación ambiental, y NeoRe, en la Región de Ñuble, aún en exploración con concentraciones de hasta 535 ppm. En relaves, Chile tiene más de 750 depósitos con presencia confirmada de 14 de los 17 elementos, incluidos neodimio, disprosio y terbio, entre los más cotizados del mercado.
Reinaldo Salazar, Gerente de Estudios de SONAMI, destaca que “desde una perspectiva estratégica, Chile podría posicionarse como un proveedor emergente, confiable y trazable de tierras raras, apoyado en su experiencia minera, su institucionalidad, su red de acuerdos comerciales y su capacidad para atraer inversión privada. Su oportunidad está asociada a la diversificación de la matriz minera y al desarrollo de capacidades tecnológicas”.
El camino no es simple. “El futuro de esta industria dependerá de la capacidad del país para pasar desde el potencial geológico a proyectos concretos”, advierte Salazar. Los desafíos son al menos tres: exploración y caracterización técnica de los depósitos; certeza regulatoria para atraer inversión en una industria nueva y competitiva; y desarrollo de capacidades propias en separación, concentración y refinación, procesos que Chile aún no domina a escala industrial. A eso se suma la dimensión territorial. En el centrosur, la legitimidad social deberá construirse desde etapas tempranas”, agrega el ejecutivo.
“Las tierras raras pueden complementar el liderazgo del país en cobre y litio, fortalecer su rol en minerales críticos y abrir nuevas oportunidades para la industria local”, añade Salazar. Para lograrlo, es enfático: “se requiere coordinación público-privada, inversión, tecnología, permisos claros y una política minera que entienda que la competencia global por minerales críticos ya está en curso. Chile tiene el potencial. El desafío ahora es transformarlo en realidad antes de que la ventana se cierre”, concluye.




