
Primero correr, después saltar
abril 30, 2026
El desafío de la mediana minería en la era del cobre responsable
abril 30, 2026En muchas regiones, la pequeña minería es decisiva para el empleo y la circulación económica, un aporte que a veces queda invisibilizado y que hoy enfrenta el desafío de asegurar su futuro en un contexto de agotamiento de yacimientos, escasez de capital humano, exigencias regulatorias y la necesidad urgente de modernizarse.
La pequeña minería sigue siendo una actividad profundamente ligada al territorio y, en muchas localidades del norte y centro del país, no solo representa una fuente de ingresos, sino que también sostiene empleos, genera actividad comercial y permite la subsistencia de comunidades en zonas donde las alternativas productivas son escasas.
Esta realidad ha sido reflejada en distintos monitoreos, los que dan cuenta de que se trata de un segmento menor en escala frente a la gran minería, pero con un significativo impacto local.
Pero ese aporte convive con una fragilidad estructural. La Sociedad Nacional de Minería (SONAMI) advierte que el sector atraviesa una situación productiva y económica compleja, marcada por el agotamiento de yacimientos, la mayor profundidad de la mineralización y el aumento de los costos de explotación.
Una realidad que refuerza Héctor Páez, director de SONAMI y presidente de la Asociación Minera de La Higuera, al precisar que “no es fácil hoy instalar una faena minera, ya que los costos son de alto nivel. A lo que se suma la dificultad de acceder a equipos mineros, las barreras normativas y la escasez de personal con experiencia”.
Rubén Varas, gerente técnico de pequeña minería de SONAMI, afirma que “frente a este escenario, resulta fundamental fortalecer la institucionalidad minera que respalda a este sector productivo. En particular, se requiere avanzar hacia una política minera que promueva decididamente el crecimiento y desarrollo de la pequeña minería, preparándola para enfrentar tanto las exigencias del día a día como los desafíos de corto, mediano y largo plazo”.
Modernización, una necesidad
SONAMI estima que un 81,6% de los yacimientos explotados en pequeña minería corresponde a vetas y 82,3% de las faenas opera mediante labores subterráneas. A ello se suma una condición estructural, descrita tanto por SONAMI como por ENAMI que es que existe alta incertidumbre sobre reservas, escaso acceso a tecnologías de punta y, en general, una gestión menos profesionalizada que en los segmentos mediano y grande.
En ese escenario, la institucionalidad se vuelve decisiva. SONAMI releva el rol de ENAMI como uno de los principales instrumentos del Estado para permitir que la pequeña minería llegue a mercados internacionales de forma competitiva, no solo a través de la compra de minerales, sino también mediante programas de apoyo a la producción, capital de trabajo, financiamiento de equipos, exploración y estudios geológicos.
Sin embargo, para la institución gremial, esa misma institucionalidad requiere ajustes urgentes. Entre los principales obstáculos identifica la situación financiera y productiva de ENAMI, la falta de tecnología para procesar minerales de menor ley, una regulación de seguridad que no siempre dialoga con la realidad de las faenas pequeñas y trabas para expandir pequeñas plantas por la normativa de depósitos de relaves.
Según indica Varas, “se vuelve fundamental avanzar en la modernización de ENAMI como instrumento clave dentro de la cadena de valor. Ello permitiría optimizar los procesos productivos según la realidad de la minería del presente y futura, dando mayor viabilidad a la etapa primaria de extracción y así asegurar la obtención de productos finales que cumplan con los estándares requeridos para su comercialización en los mercados internacionales”.
Algo que también reafirma Joel Carrizo, vicepresidente de este sector en SONAMI y presidente de la Asociación Minera de Pirquineros de Tierra Amarilla, al decir que “nosotros necesitamos un modelo de negocio ajustado al siglo XXI. Estamos trabajando en algunas áreas como hace 60 años atrás”.
La hoja de ruta que plantea el gremio se mueve justamente en esa dirección: fortalecer la institucionalidad, construir una cultura de seguridad, clasificar mejor al sector según sus particularidades, impulsar un crecimiento del umbral del sector, de las 5.000 toneladas de mineral por mes, que define la ley ambiental, a las 45.000 toneladas, avanzar en minería verde, desarrollar capital humano e incorporar tecnología e innovación.
Como lo manifiesta Varas, “para que la pequeña minería se alinee con los desafíos del futuro, es necesario fortalecer la institucionalidad minera mediante una política pública que contemple programas de fomento orientados a entregar recursos económicos, así como iniciativas de capacitación que permitan mejorar los procesos productivos, especialmente en los segmentos más pequeños del sector”.
La pregunta ya no es si importa la pequeña minería, sino cómo asegurar que siga existiendo con seguridad, productividad y proyección futura.




