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julio 3, 2026Los proyectos que se avizoran para los próximos años abren oportunidades para el crecimiento económico del país, pero también plantean riesgos asociados a sobrecostos, disponibilidad de proveedores y capacidad de ejecución. Rodrigo Wagner analiza cómo prepararse para este nuevo ciclo y qué factores serán determinantes para su éxito.
Una nueva etapa de inversiones mineras podría movilizar miles de millones de dólares durante los próximos años en nuestro país. Sin embargo, junto con las oportunidades también surgen desafíos relacionados con el aumento de costos, la capacidad de respuesta de los proveedores, la disponibilidad de capital humano y la correcta ejecución de los proyectos. A ello se suma una discusión de largo plazo sobre cómo medir el verdadero aporte económico de la minería, considerando el creciente peso de la cadena de suministro y servicios que depende de esta actividad.
Para profundizar en estos temas, conversamos con Rodrigo Wagner, economista, PhD en Economía de Harvard, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez y ex presidente del Comité de Finanzas y director de ENAMI, entrega su visión sobre el próximo ciclo de inversión minera y las medidas que pueden adoptarse para resguardar la competitividad y rentabilidad de los proyectos.
− ¿El PIB refleja realmente el aporte económico de la minería?
En el corto plazo, la caída del PIB minero en 2026 responde principalmente a una menor producción de cobre respecto del año anterior, debido a ajustes en los planes mineros de algunas compañías. Esto contrasta con el crecimiento observado en minerales como oro, plata y litio. También existe una tendencia de mediano plazo: entre el primer trimestre de 2018 y el de 2022, el PIB minero cayó cerca de 15%, mientras la producción de cobre disminuyó 9%.
La aparente paradoja surge al mirar el largo plazo. Entre 2000 y 2025, el PIB real de Chile excluyendo minería creció 156%, mientras que el PIB minero cayó 12%, pese a que la producción de cobre aumentó 18%. Esto se explica porque el PIB mide valor agregado y descuenta los bienes y servicios comprados a terceros para evitar doble contabilización.
En minería, el outsourcing ha crecido de forma sostenida. Empresas proveedoras de explosivos, equipos, ingeniería o construcción dependen fuertemente de la actividad minera, pero sus ingresos se registran en otros sectores económicos. Por eso, el PIB minero por sí solo no refleja toda la actividad que genera la industria. Para entender su aporte real es necesario considerar también toda la cadena de proveedores, tanto en gasto operacional como en inversión.
− ¿Cómo prepararse para el próximo boom de inversiones mineras?
Las proyecciones apuntan a un fuerte aumento de la construcción de proyectos mineros y energéticos entre 2027 y 2029. Chile ya ha vivido ciclos similares, donde múltiples inversiones avanzan al mismo tiempo, elevando la demanda por construcción, montaje, servicios especializados y mano de obra.
Nuestro seguimiento de proyectos muestra que los sobrecostos pueden superar fácilmente el 12% durante estos períodos. Por eso, las empresas deben prepararse con anticipación. Algunas medidas son adelantar licitaciones estratégicas, evitar requisitos innecesariamente restrictivos que reduzcan la competencia, incorporar cláusulas para enfrentar alzas de costos laborales y de alojamiento, fortalecer la formación de personal especializado y mejorar la conectividad laboral entre regiones para facilitar el acceso a trabajadores cuando aumente la demanda.
− ¿Por qué el menor precio no siempre es la mejor oferta?
No necesariamente, pero el menor precio no siempre es la mejor alternativa. En períodos de alta inversión, algunos proveedores pueden enfrentar dificultades para absorber alzas en costos laborales, arriendos o insumos.
Por eso, además del precio, las empresas deben evaluar la capacidad de cumplimiento bajo escenarios de sobrecalentamiento económico. También es importante ampliar la base de proveedores y evitar contratos excesivamente rígidos que puedan afectar la continuidad de los proyectos cuando aumente la presión sobre el mercado de servicios especializados.
− ¿Cómo proteger la rentabilidad de los proyectos frente al alza de costos?
Los sobrecostos de construcción tienen un impacto directo en la rentabilidad de los proyectos, porque reducen desde el inicio los indicadores financieros esperados, como el VAN y la TIR.
En nuestra experiencia, un sobrecosto promedio puede tener efectos equivalentes a un aumento significativo en la carga económica que enfrenta la operación futura. Por eso, la mejor estrategia es anticiparse: planificar tempranamente, gestionar adecuadamente las licitaciones y preparar la cadena de suministro antes de que se intensifique el ciclo de inversión.
− ¿Está Chile preparado para el ciclo de inversiones que viene?
Todavía estamos a tiempo. Aún no hemos entrado plenamente en un boom de construcción y existen medidas que pueden implementarse desde ahora para mitigar futuros sobrecostos.
Además, el sector financiero puede jugar un rol importante adoptando una mirada prospectiva. Empresas de construcción y montaje que han tenido años complejos podrían convertirse en buenos sujetos de crédito si cuentan con contratos relevantes y perspectivas sólidas de crecimiento asociadas a la próxima ola de inversiones.
− ¿Cuál es la principal recomendación para las empresas mineras hoy?
Más que un ciclo de producción, estamos frente a un ciclo de inversión minera. En ese contexto, la gestión temprana del CapEx será determinante para el éxito de los proyectos.
Además de fortalecer la gestión de la cadena de suministro, es fundamental que exista un responsable interno con dedicación clara al proceso de inversión y que los directorios incorporen experiencia específica en desarrollo de proyectos. Los sobrecostos y retrasos en las etapas iniciales reducen de forma permanente la rentabilidad potencial de una inversión, y son muy difíciles de compensar posteriormente, incluso con una buena operación minera.
