
Los factores que definirán el éxito de la próxima cartera minera y energética: costos, proveedores, capital humano y financiamiento
julio 3, 2026
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julio 3, 2026El desarrollo conjunto de sistemas hídricos, energéticos y logísticos aparece como una oportunidad para reducir costos, mejorar la resiliencia y ampliar beneficios hacia otros sectores. Expertos advierten que aún persisten desafíos de coordinación y gobernanza.
Compartir infraestructura no es una idea nueva para la minería. Redes eléctricas, caminos industriales, puertos y otras instalaciones ya operan bajo distintos esquemas de uso común. Sin embargo, el concepto ha cobrado fuerza a medida que la industria enfrenta mayores requerimientos de agua, energía y conectividad, junto con la necesidad de optimizar inversiones y reducir impactos territoriales.
Aunque hoy gran parte de la discusión se concentra en la infraestructura hídrica y la desalación, el concepto también puede aplicarse a líneas de transmisión, infraestructura logística e incluso futuros desarrollos asociados al hidrógeno verde.
La investigadora senior del Sustainable Minerals Institute de la Universidad de Queensland, Nathalie Jamett, explica que la infraestructura compartida permite que distintos actores utilicen instalaciones estratégicas de manera conjunta.
“Su relevancia ha crecido en los últimos años porque permite optimizar inversiones, evitar El desarrollo conjunto de sistemas hídricos, energéticos y logísticos aparece como una oportunidad para reducir costos, mejorar la resiliencia y ampliar beneficios hacia otros sectores. Expertos advierten que aún persisten desafíos de coordinación y gobernanza. duplicidades y generar eficiencias operacionales; pero, sobre todo, porque abre una oportunidad para maximizar beneficios ambientales y sociales en territorios donde el agua, la energía y el suelo son recursos escasos”, señala.
La especialista agrega que este enfoque no se limita al ámbito hídrico y que puede transformarse en una plataforma para nuevas actividades productivas. “La infraestructura compartida no solo es una solución para la minería, sino también una pieza habilitante para nuevas industrias estratégicas”, afirma.
La necesidad de avanzar en este tipo de modelos también quedó reflejada en el estudio Incentivos para el desarrollo de infraestructura compartida en la industria minera, elaborado para el Ministerio de Minería durante 2025. El trabajo consideró entrevistas a 14 actores del ecosistema e identificó seis grupos de barreras para el desarrollo de estas iniciativas, entre ellas obstáculos técnicos, financieros, regulatorios e institucionales.
El análisis detectó además dificultades para coordinar proyectos con distintos cronogramas de inversión, asegurar demanda suficiente para financiar obras compartidas y establecer mecanismos de gobernanza que permitan integrar a múltiples usuarios.
Jamett destaca que experiencias internacionales como las de Australia e Israel muestran que la infraestructura compartida requiere una visión de largo plazo y mecanismos capaces de integrar seguridad hídrica, planificación territorial y desarrollo productivo.
Una oportunidad que no siempre se repite
Si bien el concepto abarca distintos tipos de infraestructura, el desarrollo hídrico es hoy uno de los casos más visibles. La expansión de la desalación en el norte del país ha abierto la discusión sobre la conveniencia de seguir construyendo sistemas completamente independientes o avanzar hacia esquemas con mayores niveles de integración. La urgencia no es menor: hacia 2034 entre un 66% y un 70% del abastecimiento de agua de la gran minería provendrá del mar.
Catalina Pasache, gerenta de Estudios de ACADES, explica que una misma infraestructura puede abastecer a distintos usuarios y sectores al mismo tiempo.
“La importancia de esto es que se permiten aprovechar economías de escala, haciendo un uso más eficiente de la infraestructura disponible, en lugar de desarrollar múltiples sistemas paralelos, de forma independiente”, sostiene.
“Más que replicar el modelo de un país en particular, Chile debe adaptar también un modelo en base a sus propias condiciones”, afirma.
A su juicio, la coordinación debe ir más allá de la construcción de una obra común. “Los distintos usuarios deben no sólo compartir un sistema hídrico, sino que también deben tener la capacidad de compartir una visión a largo plazo”.
Pasache sostiene además que los beneficios pueden ser concretos. “Los resultados muestran que, bajo ciertas condiciones, compartir puede reducir costos de inversión y operación, incluso disminuir la ocupación territorial al optimizar el uso de tuberías de distribución, logrando aumentar la resiliencia del sistema frente a diversas fallas o contingencias”.
Para la especialista, la experiencia acumulada en Antofagasta demuestra la importancia de evaluar estas alternativas antes de que las obras sean desarrolladas, ya que las posibilidades de integración disminuyen una vez que los distintos sistemas comienzan a operar de manera independiente.
“Es necesario que comencemos a planificar y coordinar anticipadamente las necesidades de agua que hay en un territorio. Una vez que la infraestructura ya está construida, la ventana de oportunidad que existe tiende a reducirse considerablemente”, advierte.
El desafío ahora es identificar dónde y bajo qué condiciones estos modelos pueden generar valor para la minería y los territorios.




