
Pequeña minería: el sostén silencioso de los territorios que hoy exige modernización
abril 30, 2026
SONAMI presenta estudio que busca modernizar y dar certeza jurídica a la aplicación de criterios del SEA en minería
abril 30, 2026Este sector tiene un fuerte arraigo territorial y un rol relevante en la producción de metal rojo ¿Puede este perfil convertirse en una ventaja en esta nueva era?
El 25% de la oferta mundial de cobre está condicionada por criterios ambientales, sociales y de gobernanza, según la Asociación Internacional del Cobre. Compradores industriales de Europa y Estados Unidos exigen verificación independiente, y la Bolsa de Metales de Londres avanza en precios diferenciados para el metal producido bajo estándares sostenibles.
Para la mediana minería nacional, compuesta por unas veinte compañías que en 2022 produjeron el 3,7% del cobre nacional según Cochilco, con capitales mayoritariamente chilenos y que cuenta con un 73% de sus trabajadores viviendo en la misma región donde se ubica la faena, de acuerdo a un estudio de caracterización de SONAMI, ese perfil territorial y de arraigo local es, justamente, lo que los mercados más exigentes están empezando a valorar.
En ese contexto, la adaptación a estos estándares comienza a incidir directamente en las posibilidades de expansión del sector. “Las posibilidades de crecimiento de la mediana minería están directamente vinculadas a su capacidad de adaptarse a estas nuevas exigencias, incorporando prácticas responsables que les permitan acceder y mantenerse en mercados más competitivos”, dice Joaquín Donoso, coordinador de Mediana Minería de SONAMI.
Para Pamela Méndez, socia líder de Servicios de Cambio Climático y Sostenibilidad de EY, este escenario se traduce en exigencias concretas de clientes, inversionistas, bancos y socios estratégicos, agregando que la sostenibilidad “comienza a posicionarse claramente como un factor de competitividad y de continuidad del negocio”.
Una de las respuestas más concretas que ha dado la industria a esa presión es The Copper Mark, un marco de verificación independiente creado en 2019 que busca establecer un estándar común para la producción responsable de cobre. A diferencia de otras certificaciones, no se trata de un sello puntual, sino de un sistema que exige demostrar cumplimiento en 33 criterios que abarcan derechos humanos, gestión ambiental, condiciones laborales, ética y gobernanza, con auditorías externas y procesos de renovación cada tres años.
Su implementación implica no solo cumplir requisitos, sino también generar evidencia, sistematizar procesos y asegurar trazabilidad en la gestión. En la práctica, esto obliga a las compañías a revisar sus operaciones de manera integral, desde la relación con las comunidades hasta sus sistemas de control interno, lo que transforma el estándar en una herramienta de gestión más que en una certificación tradicional.
La respuesta en Chile no tardó en llegar. Impulsada por la adopción temprana de Codelco, la industria nacional se convirtió en una de las más certificadas del mundo, con más de veinte faenas con el sello, según el registro oficial de The Copper Mark. Sin embargo, la adopción ha sido significativamente más lenta en la mediana minería, donde las capacidades de gestión y recursos disponibles son más acotados.
“La razón principal es una combinación de escala, recursos y falta de incentivo comercial directo”, plantea Víctor Pérez, miembro del Comité Consultivo de The Copper Mark, al describir por qué la mediana minería ha avanzado más lento en certificaciones. A esto se suma, según advierte, que muchas de estas operaciones no están directamente expuestas al cliente final, lo que reduce la presión para avanzar en este tipo de estándares.
“El proceso Copper Mark evalúa 33 criterios con auditorías independientes, algo que la gran minería pudo absorber porque ya contaba con equipos ESG, certificaciones ISO y reportes de sostenibilidad consolidados”, agrega Pérez, al explicar las diferencias de punto de partida entre ambos segmentos.
Aun así, el estándar ha comenzado a abrirse paso en el sector, impulsado tanto por exigencias externas como por decisiones estratégicas internas. En particular, actores vinculados a financiamiento y comercialización han ido incorporando estos criterios como parte de sus procesos de evaluación, lo que introduce nuevas variables en la gestión de las compañías.
Pioneros del sector
Las primeras señales llegaron en 2022, cuando las compañías Mantoverde y Mantos Blancos, faenas de Capstone Copper, firmaron sus cartas de compromiso con The Copper Mark, convirtiéndose en las primeras operaciones de mediana minería del país en iniciar el proceso. Sin embargo, al poco tiempo ambas operaciones aumentaron su producción, pasando a ser consideradas faenas de gran minería.
En marzo de 2024 llegó otro paso relevante. Minera HMC obtuvo el sello para su faena Michilla, en la Región de Antofagasta, siendo la primera empresa identificada explícitamente como mediana minería en lograrlo.
“Fue un proceso exigente. Más que una certificación, fue una implementación. Tuvimos que modificar varios de nuestros procesos para cumplir con los requerimientos y movilizar a toda la organización en torno a este desafío”, informa Diego Arrigorriaga, gerente de Desarrollo y Gestión de la compañía.
El proceso implicó formalizar prácticas que ya existían y sistematizar otras que operaban de manera más intuitiva. Uno de los principales impactos se dio en la relación con las comunidades. “No hubo un cambio estructural, pero sí se volvió una gestión mucho más formal y sistemática. Eso se tradujo en que la comunidad nos percibiera como una operación más cercana y con mayor disposición a trabajar en conjunto”, añade el ejecutivo.
De acuerdo con Arrigorriaga, el impacto se refleja en la gestión del negocio. “La certificación reduce el riesgo del negocio. Disminuye la probabilidad de que ciertos aspectos relevantes no sean gestionados adecuadamente y nos da mayor tranquilidad de que estamos abordando los temas que realmente importan”, agrega.
Las exportaciones de la mediana minería chilena alcanzaron los US$2.012 millones en 2022, según Cochilco, una cifra comparable a sectores completos de la economía nacional como el vitivinícola o la celulosa. En ese escenario, la adopción de estándares como The Copper Mark no necesariamente se traduce en beneficios económicos inmediatos, pero sí en una operación más ordenada, con menores riesgos y mayor capacidad de adaptación frente a un entorno cada vez más exigente. Ese factor, más que el precio, podría marcar la diferencia en la sostenibilidad del negocio en el largo plazo.




